Lo Que Necesito

What I Need by JoAnn Baca
(Link to original story at Tunnel Tales)

 

Dos noches habían pasado desde que el vigilante la había secuestrado. Dos noches habían pasado desde que la había consumido el abrumador espanto y horror. El agua había estado tan fría...

Había sido traída de vuelta a la vida por un hombre especial, que luchó contra cielo y tierra para conservarla cerca. Esa noche, Vincent se había quedado con ella casi hasta el amanecer, abrazándola, calmándola. Pero a su partida, la sensación de frío regresó...y se quedó. Y dos noches no habían hecho nada por borrar la desorientación, la ansiedad que el recuerdo de esa terrible experiencia evocaba en ella.

Lo único que había conseguido en ese tiempo fue proteger a Vincent de la secuela emocional de esa experiencia. Mediante una tremenda fuerza de voluntad, ella había enmudecido el flujo de sus emociones a través del Vínculo. Si Vincent experimentara la magnitud del terrible y poderoso vacío que ella sentía ahora con el aullido y grito de los helados vientos de la mortalidad dentro de su alma, lo atormentaría más allá de sus fuerzas. Dos noches atrás, habían sido contenidos por el calor que ella había encontrado en sus brazos, mientras él la estrechaba tan fuertemente en el balcón...

El esfuerzo de su doble dilema – sobreponerse a los acontecimientos de esa noche y ahogar su revoltosa agitación en el Vínculo compartido – era devastadora para ella. Sin embargo, no conseguía conciliar el sueño. Tenía lapsos de sueños ligeros sobresaltados, solo para despertarse de golpe, asustada, temblando de frío, desolada. Catherine miró el reloj – casi las 2 de la mañana. Reflexionando sobre lo que había pasado... y lo que casi pasó, sabía que nada Arriba podría aliviar esa sensación helada... Necesitaba con desesperación sentir calor de nuevo. Las cobijas no ayudarían. Subir la calefacción en su apartamento tampoco serviría de mucho. Ella necesitaba un tipo de calor específico... el calor de él. Si tan solo estuviera de nuevo en su abrazo, junto a él y a salvo entre sus brazos, ella estaba segura de que podría descansar. Si tan solo pudiera... acostarse a su lado esta noche.

Decisión inundó su corazón. ¿Por qué dar vueltas en una cama sin dormir esta noche, cuando Abajo yacía lo que anhelaba – la única persona que necesitaba? Pensando en él le quitó un peso a su corazón, y tiró las cobijas para correr al closet. Poniéndose su pesado abrigo de invierno, se puso las zapatillas, tomó sus llaves de la mesita y voló hacia la puerta, dirigiéndose al umbral del sótano hacia el mundo de él.

Los túneles estaban quietos y silenciosos cuando tomó el camino hacia la cámara de Vincent muy debajo de las calles de la ciudad. Ocasionalmente un centinela golpeaba un terso mensaje en los tubos, o un tren subterráneo ronroneaba sobre su cabeza. A excepción de eso, todo estaba en silencio. Solo algunas antorchas alumbraban el camino, haciéndola ir despacio y con paso dudoso. Eventualmente, sin embargo, llegó a la entrada de su cámara.

En la luz brillante de una vela solitaria, se detuvo a absorber la visión ante ella. Vincent, siempre tan en guardia en su presencia, yacía abandonado al sueño, su cabello en cascada en su almohada. En sueño, su rostro adquiría una dolorosa vulnerabilidad que la hacía querer ofrecer consuelo en vez de recibirlo. Ella anhelaba acariciar ese cabello, acariciar esa mejilla de terciopelo. Suspirando, cruzó la habitación y se sentó en el borde de su cama. Temerosa de asustarlo, se inclinó hacia él y murmuró un suave “Vincent?”

En un instante, él abrió los ojos, y sorprendido de encontrarla tan cerca, se levantó sobre sus codos y la miró fijamente. "Catherine! ¿Hace cuánto..."

Ella lo calmó rápidamente. "Acabo de llegar. No podía dormir." Tembló a pesar del pesado abrigo de lana que llevaba puesto. "Siento... tanto frío..." Incapaz de que continúe ese momento, de darle la explicación que él claramente buscaba, ella se encogió de hombros y lo miró indefensa, implorando.

En ese momento, Vincent comprendió parte del caos en el corazón de Catherine. A pesar de su continuo intento por protegerlo, ella dejó escapar una pequeña fracción de su control y él sintió la serpiente enrollada de miedo aún apretándola por dentro, robándole la paz. Él la sintió temblar a través del Vínculo, como si sostuviera un pajarillo en la palma de su mano. Pero la presencia repentina de ella en su cámara – en su cama – le ponía nervioso.

Siempre, él debía prepararse antes de estar con Catherine. Tenía que controlar severamente sus emociones, tenía que controlar lo más posible las circunstancias de su tiempo juntos, para permanecer compuesto, entero. Lo imprevisible de esas infrecuentes ocasiones en que estaba con ella sin establecer tal control – como lo que ocurrió dos noches atrás – debía evitarse a toda costa. Solo una circunstancia de vida o muerte podría permitir interferir con esa preparación que era la armadura que él usaba para fortalecer su control. Ahora, aquí estaba ella – espontánea, inesperada, y tan, tan necesitada – y él buscó con urgencia algún tipo de control sobre la situación.

Esperando proporcionar cierta distancia física entre ellos para ganar el tiempo que necesitaba para recuperar su compostura, se atuvo a las formalidades. "Solo... déjame ponerme mi bata, luego podemos hablar." Extendió la mano para tomar la bata lanuda que estaba al pie de la cama. "¿Quieres un té? Puedo..."

Catherine le puso una mano en el hombro para detenerlo. No notó los músculos contrayéndose en respuesta bajo sus yemas, una consiente negación a la intimidad del gesto. Con todo lo que era él, deseaba esa caricia; con todo lo que era, sabía que no podía aceptarla.

Su voz era un crudo susurro cuando le rogó, sus ojos buscando los de él para que la entendiera. "No... por favor, Vincent. Necesito... Necesito acostarme a tu lado... sentir tu calor. Tengo... tanto frío. Por favor?"

En el rostro de él se reflejaba la consternación. Estaba dividido entre el creciente temor y su deseo de confortar a su amada. No estaba seguro de lo que ella verdaderamente pedía... de lo que esperaba de él. ¿Y cómo podría controlar la situación bajo esas condiciones? ¿Cómo podría seguir actuando como el amigo amoroso, con el dulce cuerpo de ella apretado junto al suyo? Con pesar, tomó una decisión. Tenía que rechazarla... tenía que hacerlo.

"Puedes dormir en mi cama, por supuesto, Catherine." Pero cuando el rostro ansioso de ella empezaba a relajarse en una expresión de gratitud y alivio, él continuó. "Yo... yo me sentaré en mi silla y te velaré mientras duermes. O... ¿tal vez estarías más cómoda en una cámara de huéspedes?"

Ella lo miró fijamente un instante, afligida, su dolor grabado claramente en su rostro. Luego meneó la cabeza "no." La repentina caída de sus hombros reflejó su resignación cuando murmuró, "No... eso no es... En realidad necesito... De Nuevo meneó la cabeza, desolada y vencida, mientras empezaban a formarse lágrimas en sus ojos. "Lo siento, Vincent... No debí haber..." Con un último "Lo siento," se levantó, dio media vuelta y huyó de la cámara.

Culpa y remordimiento arañaron su corazón al ver a la mujer que amaba retirarse desesperada de su presencia. Sabía que con su rechazo había herido profundamente a Catherine. ¿Y para qué? ¿Porque valoraba más su precioso control que la tranquilidad de ella? Sus pensamientos le inmovilizaron, le paralizaron donde estaba, medio sentado, medio acostado. En una agonía de autorecriminación, se dio cuenta de que él a ella le era inútil. Ella merecía un hombre que pudiera darle todo, que pudiera satisfacer todas sus necesidades. Él quería -- ¡tanto! -- Ser ese hombre. Pero él... ni siquiera podía ofrecerle lo poco que ella rogaba sin establecer tantas condiciones por las que ella huyó de él desilusionada. Su reserva, que él siempre había creído era por el bien de ella, parecía ahora un grillete. Ella lo necesitaba comprometido en su vida, plenamente comprometido. Ella lo necesitaba – a todo él. ¿Cómo podría él negárselo? Si la amaba – y sí la amaba, ferozmente – no podía, ya no más.

Catherine corrió por los túneles mal iluminados, tropezando y haciendo camino en los laberintos de curvas y escalones, sin conocer ya su exacta dirección, solo necesitaba... irse. Las lágrimas que derramaba le nublaban aún más la visión. Cuando tambaleó en los brazos de la persona que repentinamente apareció frente a ella, se aferró para evitar caer.

"Catherine?" La voz de Mary perforó sus frenéticos pensamientos, y levantó la vista hacia los ojos de la mujer mayor. "¿Qué pasa, querida mía? ¿Qué sucede?!"

Catherine se aferró a ella y tomó aire. "Yo... Estaré bien en un momento, Mary. Por favor, no te preocupes por mí. "

"¡Tonterías, Catherine! Es de madrugada, y obviamente no estás bien. Mi cámara está cerca. Vamos, pues, ven conmigo." La matriarca de los túneles pasó un brazo alrededor de los hombros de la turbada mujer y la guio por el corredor hasta su cámara. Mientras caminaban, Mary bendijo al pequeño quisquilloso que había necesitado su atención en el dormitorio de los niños – de no haber tenido que calmar a ese niño de su corazón, no habría estado disponible para atender a esta niña mayor pero igualmente preciosa que había aparecido tan inesperadamente pero con tanta necesidad de consuelo.

Mary dirigió a Catherine hacia la entrada de su cámara y a una ruidosa mecedora de nogal acolchada con cobijas desteñidas. Sentándola, Mary se arrodilló ante ella, levantando la mano para limpiar las lágrimas del ruborizado rostro de Catherine. "Dime qué pasó, hija," invitó.

A Catherine no se le ocurría nada que decir. ¿Cómo podría hacerle entender a esta querida mujer? Miró muda y fijamente a Mary, su labio inferior temblando sin control.

Mary sintió la duda en Catherine, así que preguntó lo que parecía obvio. "¿Tiene esto algo que ver con Vincent?"

Catherine asintió, pero aún no podía hablar.

"¿Han tenido una pelea ustedes dos?" A Mary le pareció difícil imaginarlo, pero hasta esta noche le habría parecido imposible creer que encontraría a tan altas horas a Catherine corriendo por los túneles como alma que lleva el diablo, llorando desconsolada.

Catherine luchó por responder, su voz rompiéndose de emoción. “No exactamente. Oh, Mary... Es que no puedo explicar. Pero es... todo es mi culpa. No debí haber venido Abajo... pero necesitaba..." No podía continuar, no podía encontrar las palabras para expresar exactamente qué necesitaba, exactamente lo que el rechazo de Vincent le había hecho. Bajó la cabeza casi hasta sus rodillas, mientras desesperados sollozos estremecían su pequeña figura.

De pronto, una enorme figura apareció en la entrada. Cuando Mary se volvió, vio a Vincent parado ahí, sus brazos a cada lado de la puerta, descalzo, jadeando. No acostumbrada a verlo tan desarreglado – su cabello revuelto, su camisa de dormir desprendida hasta la cintura, sin bata que lo cubra del frío de los túneles – solo podía mirar asombrada.

Vincent entró a la cámara, sus ojos centrados únicamente en la figura encorvada de Catherine. Llegó a la silla y se inclinó, tomando a Catherine en sus brazos como si fuera una niña. Apenas dirigió un breve comentario a la sorprendida mujer mayor. “Disculpa, Mary. Yo atenderé a Catherine." Sin otra palabra, salió de la cámara con su delicada carga acunada tiernamente en sus brazos. Una sonrisa irónica se dibujó en el rostro de Mary mientras los veía marcharse, y asintió para sí levantándose con dificultad del suelo. "Estoy segura de que está en buenas manos," murmuró para sí.

Vincent no habló mientras llevaba a Catherine de vuelta a su cámara, pero hundió su nariz suavemente en el cabello de ella y besó tiernamente su cabeza. Catherine estaba demasiado asombrada con este cambio para decir nada; no recordaba cuándo había dejado de llorar, pero sabía que debió haber sido casi inmediatamente al abandonar la cámara de Mary. El alivio inundó su ser, y estaba feliz de hacer ese trayecto en silencio en brazos de Vincent, concentrándose en la calidez envolvente que empezaba a entibiar el espacio helado y quebradizo en su corazón.

Una vez de vuelta en su cámara, él no detuvo el paso hasta depositar delicadamente a Catherine en su cama. Como si ella fuera incapaz de hacerlo por sí sola, él apartó el abrigo de sus hombros, deslizó sus brazos de las mangas, y le sacó el abrigo, arrojándolo en la silla al lado de la cama. Le sacó los zapatos con precisión, poniéndolos al lado de sus botas. Las cobijas ya estaban dobladas, así que Catherine se hundió en ellas para saborear el calor que las sábanas aún conservaban. Vincent se hundió en la cama y subió sus piernas, alcanzando la cobija para cubrir con ella a los dos. Bajo la mirada asombrada de Catherine, bajó la cabeza y murmuró, "Perdóname, Catherine. Fui un tonto... y estaba equivocado." Luego se metió bajo las cobijas y se volvió hacia ella, tomándola con ternura entre sus fuertes brazos, brazos que temblaron ligeramente por el efecto que tenía la cercanía de ella.

Agradecida, Catherine se hundió en su abrazo y se acurrucó contra él, su rostro apretado contra el pecho desnudo y suavemente peludo. Sintió la mano de él acariciar su cabello, luego su dedo índice bajó a acariciarle la cara. “Duerme, mi amor. Estás a salvo. Ahora estás a salvo.”

Al oír estas palabras, un eco de otro tiempo de crisis tanto tiempo atrás, ella se desprendió del último vestigio de frío de su corazón. Estaba -- ¡por fin! – exactamente donde necesitaba estar.

* * *

Cuando Mary los encontró en la mañana, los encontró dormidos, enredados uno en los brazos del otro. Una sonrisa indulgente cruzó sus labios, y localizó y puso una linterna apagada en la entrada de la cámara de Vincent. No quería que nadie los molestara ahora. Habían sobrellevado una tormenta en la noche, y merecían este tiempo juntos y a solas. Además, ambos se veían tan cómodos, tan acogedores, tan... cálidos.

 

 

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