La Moldad de los Hombres

The Evil That Men Do by JoAnn Baca
(Link to the original story at Tunnel Tales)

 

"Tom...."

La paciencia de Catherine se estaba agotando, y por tercera vez intentó cortar su monólogo sobre por qué no deberían terminar. "Escucha, Tom, yo..."

Pero era inútil. Él no estaba escuchando, no daría su brazo a torcer. Ella apartó el teléfono de su oído y frunció el ceño con enojo. La voz de Tom, metálica e insistente, seguía saliendo del teléfono. Eventualmente, ella lo acercó a su oído y nuevamente trató de interrumpirlo. "Tom, voy a colgar si no..."

Este último comentario penetró su obstinado asalto verbal. Tom Gunther, un hombre acostumbrado a que se lo escuche, acostumbrado a que se le ponga todo en bandeja, finalmente tomó aliento.
"Qué...? ¿Dijiste algo, Cathy?"

Aunque él no podía verlos, los ojos de ella se encendieron con la misma rabia que saturaba su voz. "Sí, Tom, lo hice. O más bien, lo he estado intentando desde hace diez minutos." Respirando profundo, se lanzó a lo que estaba segura sería un intento frustrado de acabar la conversación. "Ya he oído todo esto antes, Tom. No cambia nada. ¿No lo entiendes? He cambiado. Ya no soy la Cathy Chandler que te atraía. Dudo seriamente que todavía tengamos algo en común."

Ella sabía que Tom no había escalado tan alto en los negocios y la sociedad por rendirse fácilmente, así que ella solo pudo girar los ojos en frustración cuando su voz cambió a lo que probablemente pensaba sería una intimidad persuasiva. "Cathy, sé razonable. Tenemos en común las mismas cosas que siempre hemos tenido. Hacemos una Buena pareja. No puedes haber cambiado tanto en solo unos pocos meses. Sé que tu asalto te ha traumatizado, pero..."

Ella lo interrumpió brutalmente. No le permitiría que califique su compromiso hacia su nuevo trabajo y su nueva vida a una aberración temporal causada por su asalto. En el alma, ella sabía que había sido transformada para siempre. Sin tratar de disfrazar nada del disgusto que sentía, ella le ladró, "¡Basta! No culpes de nuestro rompimiento a mi asalto." Le escuchó suspirar con gusto e intentar una interrupción. Cambiando de táctica, ella hizo un esfuerzo por que su voz sonara más calmada, más razonable. "El hecho es que, incluso antes de eso, me sentía... inquieta, infeliz. En parte era nuestra relación, en parte el trabajo que estaba haciendo, en parte mi vida en general. Lo único que la secuela de mi asalto hizo fue darme espacio y tiempo para pensar, para analizar todo en mi vida. Una de las cosas de que me di cuenta fue que ya no siento lo mismo que sentía por ti cuando empezamos a salir."

Tom también se volvió conciliador, suponiendo tal vez que el tono razonable de ella significaba el principio de un cambio de opinión. "Vamos, cariño, no estás hablando en serio. Yo te quiero en mi vida. Tal vez no estés lista para pensar en matrimonio ahora, pero dale algo de tiempo. Te amo, y sé lo que es mejor para ti. Deja que yo piense por los dos esta vez, ¿sí?"

Sus palabras tuvieron el efecto contrario a lo que intentaba, ya que el tono razonable de Catherine se evaporó cuando, con voz temblando de rabia, respondió, "Enfréntalo, Tom, se necesitan dos para una relación. No puedes debatir o forzarme a que participe. No importa cuánto creas que debemos estar juntos, si no siento también lo mismo, ¿por qué querrías estar conmigo?"

Perplejo, Tom volvió a cambiar de táctica, su voz reflejando una disculpa que Catherine sabía que no sonaba verdadera. "Cathy... tal vez no he sido lo suficientemente atento en los últimos tiempos, pero sabes que me necesitas. Siempre me has necesitado, y siempre lo harás."

Con un resignado suspiro, ella respondió. "No, Tom. Ahora sé que tengo la fuerza para depender de mí misma. No necesito que nadie piense por mí. Tal vez alguna vez, pero ya no."

Enfurecido por sus insistentes rechazos, la voz de Tom reflejó un sarcasmo que no podía esconder. "El asalto te afectó más de lo que pensaba. Solías ser más sensata. Ahora estás actuando como una niña!"

Catherine sonrió para sí, ya sin enojo. Todos los viejos trucos manipuladores que él había usado con ella parecían ahora tan obvios. ¿Habían funcionado alguna vez? Rio al responder, "¿Soy una niña cuando no te doy la razón, pero sensata cuando sí te la doy? Ya veo."

Él escuchó el humor en su voz, y esto le enfureció más. ¡Qué se cree para reírse de mí! ¡¿Quién se cree que es?! Con un gruñido autoritario, respondió, "Estoy harto de esto, Cathy. Te estás volviendo bastante cansona. Eres tan poco atractiva así. ¿Sabes a qué te pareces?"

Pero Catherine no caería en las viejas trampas. "¿A una mujer segura de sí misma?" Con sarcasmo, continuó, "Me llamas niña, dices que siempre he dependido de ti para tomar decisiones. Supongo que no recuerdas todas las veces que tú has dependido de mí, mis contactos, mis habilidades cuando necesitaste ayuda. ¿Recuerdas la gala de ópera que organicé para ti? ¿Y la subasta de beneficencia que te ofreciste a organizar pero no pudiste molestarte en preparar? ¿Podría una niña indecisa haberte dado todos los éxitos que te he dado?" le desafió, sabiendo que le molestaría y feliz con eso.

Realmente enojado ahora, Tom contestó enfurecido, queriendo herirla, sin importarle qué tan hondo fuera el dolor. "Su Alteza piensa que me ha sido de tanta ayuda. No dudo que has sido útil. Pero yo me encargado de cosas que tú ni sabes para triunfar, cosas de las que estarías feliz de llevarte el crédito. Por ejemplo, la fiesta de los arquitectos de mi proyecto la noche de tu asalto. Te pedí que me ayudaras a organizarla, sí. Así que tú te encargaste del salón, las flores, la comida. ¿Pero sabes qué Cierra los tratos, mujercita? Ofrecer a los del comité planificador lo que realmente quieren. Sí, quieren una cena con buen vino. Pero lo que realmente quieren, lo que cierra el trato, es un poco más de... atención personal. Así que sí, tú hiciste lo tuyo, pero fui yo quien hizo que esa velada fuera un éxito."

Por un momento, los acontecimientos cruzaron rápidamente por la mente de Catherine. Piezas encontraron su lugar en el rompecabezas. De pronto, la horrorosa verdad estaba frente a ella. En una voz estrangulada, preguntó, "¿Fuiste...tú?"

"¿Fui yo qué?" Inseguro de la reacción de ella, él se preguntó a qué se refería.

"El... servicio de citas. Esa noche. ¿Fuiste tú quien lo contrató?" Su voz tembló con una emoción que Tom no podía identificar. Pero ahora estaba imparable, ganando puntos, y no se detuvo a pensar en lo que ella había dicho, lo que significaba.

Rio crudamente. "¿Quién más? ¿Piensas que esas señoritas se presentaron por su cuenta? Y no son nada baratas. Sí, yo las contraté. Y, si haces memoria, gané el contrato con el comité. Créeme, cariño, ¡el truco no fue el coctel de camarones que ordenaste!"

Divertido con su propio chistecito, al principio Tom no se dio cuenta de que Catherine había colgado. Inmediatamente volvió a marcar su número, listo para regañarla por su acción tan inmadura, pero ella se negó a contestar el teléfono. Rojo de furia, Tom tiró el teléfono y salió corriendo de su oficina, gritando sobre su hombro a su secretaria que volviera a agendar sus citas del día. En la calle paró un taxi y se dirigió al apartamento de ella. Le ofreció al taxista un 20 extra si ignoraba los límites de velocidad y lo llevaba a destino lo más pronto posible.

* * *

Luego de oír la confirmación de Tom, el teléfono se deslizó de la mano de Catherine a su base casi con voluntad propia. Estaba muda de asombro. Aún estaba tratando de procesar sus emociones cuando un fuerte golpe en la puerta la sacó de su reflexión diez minutos más tarde.

"¡Cathy! ¡Déjame entrar ahora mismo! ¡Cathy!!" La furia de Tom había crecido en el corto viaje en taxi, y estaba muy agitado cuando escuchó el candado deslizarse y la puerta abrirse. Tan pronto como la puerta se abrió por completo, la empujó con fuerza, haciendo que Catherine se tambaleara hacia atrás. Cerró la puerta tras de sí e inmediatamente la tomó de los hombros. "¿Por qué me colgaste? ¿Por qué? ¡Contéstame!"

Catherine levantó los brazos en una movida que le había enseñado Isaac, y fácilmente pudo soltarse. Fue casi instintivo, ya que casi ni lo miró al hacerlo. Él estaba tan sorprendido de que ella haya recobrado tan rápidamente su equilibrio, que parte de su enojo se disipó. Con un tono de voz más razonable, continuó. "Háblame, Cathy. No me aísles."

Ella se volvió hacia él, y él no podía creer la furia helada en sus encendidos ojos verdes. Nunca la había visto tan furiosa. ¿Dónde estaba su complaciente, flexible Cathy? "¿Hablarte, Tom? ¿Qué tal si en vez de hablar, te explico algo y tú escuchas? Escucha bien. Esta es la última conversación que tendremos jamás, así que quiero que realmente me oigas."

Tom trató de interrumpirla con un "Vamos, cariño, solo escucha..."

"No, escucha tú." Catherine le hincó un dedo en el pecho... fuerte. Tom calló asombrado. "No sé cómo no até cabos antes. Hasta hoy. Hasta que tú mismo lo dijiste. Era tan obvio, pero nunca se me ocurrió." Parecía que estuviera hablando para sí misma. "Tom, respóndeme otra vez: ¿Tú contrataste chicas de un servicio de citas para la fiesta de los arquitectos de tu proyecto?"

Confundido, volvió a responder, "Sí. Eso es lo que dije. Y no me digas que te sorprende tanto, Cathy, porque francamente no lo creo."

"No, no me sorprende." Meneó la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Su voz tembló levemente cuando preguntó, "¿Te das cuenta de lo que hiciste?"

Completamente mistificado ahora, Tom ladró, "¿Qué? ¿Qué hice? Es decir, ¿además de conseguir el contrato del proyecto? ¿Es para tanto, Cathy?"

Ella se secó las lágrimas, no quería que él la viera llorar. Volvió a surgir en ella la rabia al explicar exactamente por qué "era para tanto." "El dueño de ese servicio de citas ordenó que desfiguraran a una de las chicas en esa fiesta. Sus matones me confundieron con ella. Así que, de cierta manera, tú eres parcialmente responsable de mi asalto. Tú, Tom."

El rostro de él perdió el color al darse cuenta de lo que ella decía. “Dios mío...”

"Arreglaste todo muy bien, Tom." La furia en su voz ahora dio lugar a una especie de fría resignación. "Arreglaste tu salida de mi vida. Creo que es hora de que te vayas. Por favor, vete ahora. Y no vuelvas a llamarme."

Tom trató de pensar en algo que decir, pero antes de que pudiera tomar aliento, Catherine lo había tomado del brazo y lo llevaba hacia la puerta. "¡Fuera!"

Abrió la puerta con una mano y lo arrojó fuera con la otra. Tom no reaccionó hasta que la puerta se cerró con fuerza en sus narices.

Catherine se apoyó contra la puerta, sollozando en sus manos. Todo ese terror, todo ese dolor... porque él quería impresionar a unos políticos. Se entregó a su tristeza por un rato, dejando que la envolviera... y que pasara. Luego, con decisión firme, se secó las lágrimas y se paró erguida. Había algo por lo que siempre le estaría agradecida a Tom. De no haber sido por ese fatídico "arreglo," tal vez Vincent nunca habría entrado en su vida. Y esa hubiera sido la verdadera tragedia.

Tal vez algún día encontraría la manera de agradecérselo

 

 

 

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