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Hogar

Rosaura Wells

Catherine levantó la vista de los papeles, suspirando de agotamiento. Por primera vez en su carrera, sentía la tentación de dejarlo todo… solo dejarlo… De todas maneras, su esfuerzo en este caso no estaba conduciéndola a ninguna parte, y se sentía como caminando en círculos.

Estiró las piernas y se levantó. Si tan solo Vincent estuviera aquí…

Una voz la distrajo y la hizo sonreír. Lentamente, para no perturbar la escena, se acercó a la puerta que conducía a la sala.

Jacob estaba sentado en el sofá, en una postura elegante que recordaba a Vincent. Estaba profundamente absorto en el libro que sostenía en sus manos. Con voz y aspecto grave, a pesar de sus siete años, hacía cobrar vida para su hermanita, Roxana, alguna historia clásica, sugerida tal vez por su padre. Roxana, sentada a su lado, lo contemplaba con adoración.

Súbitamente, en el lazo empático que compartía con su esposo Catherine pudo distinguir una felicidad diferente de la suya propia, esa que Vincent solo dejaba sentir cuando estaba muy cerca de casa, y la mujer levantó la vista hacia el balcón, expectante. Segundos después, hubo un repiqueteo en las ventanas francesas. Roxana echó a correr hacia ellas, mientras su hermano cerraba el libro casi con ternura y lo colocaba en una mesa cercana, a salvo.

Vincent abrió la puerta. Por un momento, su capa onduló a su espalda, mientras él se adelantaba. Las estrellas lo rodeaban, pero era él quien parecía hecho de luz. Sonreía con sus ojos, con sus labios, con su misma postura, mientras descendía para recibir a sus hijos, que se lanzaban a sus brazos. Era una ceremonia diaria, pero, como siempre, Catherine se sintió sobrecogida por tal belleza, por tal… bendición.

Vincent se levantó, volviéndose hacia ella, y, como siempre, el resto del mundo redujo su volumen. Él echó a andar hacia ella, con los pasos majestuosos que lo caracterizaban, y Catherine, roto el hechizo que la retenía, echó a correr hacia él. Justo en el centro, se fundieron en un abrazo.

Catherine estrechó sus brazos alrededor del pecho de su esposo, y sintió cómo el brazo de este se extendía por su espalda en un gesto protector. Inspiró, y sintió cómo la rodeaba ese aroma a hogar que faltaba siempre que Vincent estaba ausente, aunque estuvieran sus hijos. Vincent apoyó su mejilla en el cabello de su esposa e inspiró ese aroma dulce que lo hacía sentirse mareado y feliz como un chiquillo; sin embargo, al mismo tiempo, recordó esa frustración que sentía en ella poco tiempo antes. Catherine sintió la voz de su esposo cerca de su oído, casi un susurro.

-Cuéntame…

Catherine negó con la cabeza, frotándose al mismo tiempo contra el pecho de su esposo; el gesto fue una caricia casi desde el principio.

-El trabajo… como siempre…

-¿Deberías regresar…?

-¡No!-exclamó Catherine, y luego agregó-Puedo sustraerle unos momentos al deber. Se está tan bien aquí…

Vincent estrechó su abrazo como única respuesta. Permanecieron así unos momentos más, hasta que la necesidad de contemplarse se volvió demasiado intensa. Entonces, Catherine se hundió en Vincent, en el mar de sus ojos. El mundo desapareció por unos instantes.

-Papá –se escuchó una voz infantil a su lado-, Jacob me estaba leyendo la historia de Romeo y Julieta.

El hechizo desapareció. La pequeña Roxana, a sus cuatro años de edad, aún sentía celos de todo el que tocara a su padre. Se parecía a Catherine incluso en ese detalle.

No obstante, no fue de mala gana que el matrimonio se volvió hacia sus hijos. Vincent se arrodilló delante de la pequeña Roxana y colocó las enormes manos con peligrosas uñas en los jóvenes hombros, con ternura.

-¿Te ha gustado?

-No la entiendo bien.

La sinceridad los hizo sonreír.

-Tal vez podríamos encontrar algo que entiendas mejor-sugirió Vincent.

Roxana sonrió.

-¿Leerás tú esta vez, papá?-preguntó Jacob.

-Sí, creo que es mi turno-aceptó su padre, y, tomando la mano de Catherine, presidió la comitiva hacia el fantástico cruce de dimensiones llamado “biblioteca”.

 
 

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Nota del autor: Si les gustó esta historia, o incluso si no, me encantaría que me escribieran. Mi e-mail es claudialopez-at-puv-dot-sld-dot-cu  ¡Gracias!